Más montañas para Medellín
Por César Arbeláez
Estudiante Comunicvación Social - FUNLAM
cearbelaez@gmail.com
“Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas (…) el mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo (…) una familia de gitanos desarrapados plantaba su carpa cerca de la aldea, y con un grande alboroto de pitos y timbales daban a conocer los nuevos inventos.” (Gabriel García Márquez / Cien años de soledad)
Cualquier parecido con Medellín no es coincidencia, cada administración se llena de gitanos que entre pitos y chirimías promocionan sus nuevos inventos. Entonces en Medellín al año 2007 tenemos no una aldea sino una ciudad llena de gitanos. Una ciudad con exceso de transporte público, bibliotecas antiguas y los modernos parques biblioteca, plazas para todo tipo de público, para enamorarse, para bañarse, para ver cine, conciertos y una oferta cultural que cada vez mejora en Medellín. Cuando hace veinte años el mejor plan era encontrarse en la Terminal de Transporte del Norte. No había donde más salir en la ciudad, era una aldea de …

Sin embargo, a pesar de lo bonito, siempre hay muchos que no gustan de esta ciudad y sus cambios. Por eso en una de las salidas de Denuncia a las calles de Medellín, le preguntó a la gente ¿Qué le da vergüenza de su ciudad? Y estos fueron los testimonios encontrados: Pilar Gómez, estudiante universitaria dice: “De Medellín nada, es una ciudad muy bonita, yo creo que la mejor”. Raúl Jiménez, obrero, dice:”la verdad, la verdad, me da rabia que digan que las pirámides de la Oriental están quedando feas. Esta ciudad es la barraquera y es como las mujeres de acá, todo les luce”.
Con esta respuesta la pregunta se desvió a las pirámides de la Avenida Oriental porque una persona dijo que eran feas. Miguel Cardona, transeúnte, dice: “No me dan vergüenza, yo creo que más que lindas es para lo que sirven. Yo creo que así la gente no va a cruzar por donde no debe”. Para Dennis Álzate, artista plástica, “las pirámides no tienen porque avergonzarla. El arte es una expresión y la ciudad es el mejor escenario para que sea posible”. Finalmente, una persona de la administración municipal que se quiso apodar “ese” por miedo a represalias en su contra dice: “En esta ciudad la participación ciudadana es poca. Las decisiones las toman unos y cuando uno menos piensa ya están las construcciones. Yo creo que deberíamos hacer una marcha como la que se hizo por la paz para tumbar esas pirámides tan feas”.
Con estos testimonios, nos vimos en la tarea de ahondar más en las pirámides, no de arena, sino decoradas con flores de adoquines porque un jardín en la Avenida Oriental no duraría mucho. Esto fue lo que encontramos: 240 montañas en forma de pirámide que atraviesan la Avenida Oriental y que costaron 970 millones de pesos. ¿Entonces cada montaña costó $4`041.666 pesos? Hablando de dinero hay que escuchar a los que saben: para la Contralora de Medellín, Marta Vélez, “las pirámides no son más que elementos que obstaculizan la circulación peatonal e impiden el libre tránsito y además, encierran los tallos de 46 urapanes, 4 guayacanes y 19 árboles de otras especies que hay en el separador central, por lo que ellas terminarán por asfixiarlos". Juan Bernardo Gálvez, gerente del Centro, opina: "La tradición en nuestra ciudad ha sido de obras en blanco y gris y ladrillo expuesto. Ahora llegan unas figuras llamativas por su forma y muy coloridas que no todas las personas asimilan bien".
No queda claro si las montañas o pirámides son para evitar accidentes o para recordarle a los montañeros de dónde vienen porque la otra justificación es que buscan ser un referente de las montañas y las flores que circundan a Medellín.
Los periodistas de los medios administrativos y locales llenan las páginas de similares comentarios de los responsables de las obras en nuestra ciudad. Sin embargo lo que queda claro es que Medellín no es una ciudad tan educada como se pretende porque hay que construir los parapetos más extraños para obstruir el paso de peatones y las medidas más absurdas para prohibir.